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Pistola Táser que daños puede provocar

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Figura de Agente de la Autoridad a los vigilantes de Seguridad

Hay que reclamar mayor protección jurídica y elementos de autoprotección para este colectivo que aglutina a muchísimo trabajadores pertenecientes a un montón de empresas de seguridad privada.

Otras formas de proteger al que protege

Los vigilantes de seguridad, esos profesionales que hacen su trabajo muchas veces de forma callada, siempre pendientes de protegernos, ¿a qué riesgos están expuestos?, ¿los podemos proteger? Nuestro experto en el tema, Gabriel Rodríguez, nos explica en profundidad como deben hacerlo desde su propia empresa y desde la empresa en la que prestan sus servicios

Cuando un técnico de prevención se plantea realizar una evaluación de riesgos para vigilantes de seguridad, los primeros riesgos que le vienen a la mente son aquellos que pueden ocasionarle daños a la salud más inmediatos, y probablemente le saldrá una lista similar a esta:

  • Incidentes y agresiones en el desarrollo de sus funciones.
  • Incidentes al operar en ocasiones con armas de fuego.
  • Factores de riesgos asociados a los lugares de trabajo donde el personal de Seguridad realice su trabajo, (obras de construcción, industrias, aparcamientos, etc.).
  • Fatiga física por exposición a posturas forzadas.
  • Exposición a condiciones climáticas adversas al realizar trabajo en exterior.
  • Exposición a ruido en las prácticas de tiro.
  • Riesgo biológico en aquellos servicios que se realicen con perros.
  • Accidentes de tráfico (coches patrulla, motoristas de servicio acuda, etc.).

Para todo este tipo de riesgos podemos recurrir a las medidas preventivas convencionales, destacando por encima de todas ellas disponer de una buena formación en prevención de riesgos laborales.

Pero hay que centrarse tambien en  riesgos que pasan más desapercibidos, y que en muchos casos no se les da la importancia que merecen en las evaluaciones de riesgos; hablamos de la realización de tareas monótonas, del trabajo a turnos y nocturno, del trabajo en solitario, con el agravante de realizarlo en un entorno de empresa cliente.
Para tratar de minimizar estos riesgos es fundamental que la empresa cliente y la empresa de seguridad concesionaria del servicio realicen un análisis previo a la contracción.*Cosa que nunca hacen y que lo unico que les importa es la pela}

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Aspectos a tener en cuenta:

  • Se deben garantizar unas buenas condiciones ergonómicas del puesto que ocupará el vigilante de Seguridad. Es bastante habitual ver puestos de vigilantes muy mal acondicionados, que no cumplen con los requisitos legales mínimos.Ante esto que han los Sindicatos, pues os respondo NADA DE NADA
  • Si el servicio implica trabajo a turnos debe considerarse los efectos negativos sobre la salud de las personas que provocan, fundamentalmente el turno de noche. Por una parte se ve alterado el equilibrio biológico, debido al desfase de los ritmos corporales y los cambios en los hábitos alimentarios, y por otro lado se pueden producir alteraciones en la vida familiar y social. Aunque no existe el diseño de una organización de turnos óptima, pueden establecerse unos criterios para conseguir unas condiciones más favorables. La actuación debe basarse, principalmente en intentar respetar al máximo los ritmos biológicos de vigilia-sueño y alimentación, así como las relaciones familiares y sociales. Siempre favorece a todo ello, el contar con la participación de los trabajadores en el diseño de los turnos.
  • Si el servicio implica el trabajo nocturno en solitario será necesario analizar los medios que eviten el aislamiento del vigilante, es más que recomendable establecer llamadas programadas regularmente a la central para asegurarse que no hay incidencias en el servicio y también son adecuadas las visitas regulares de los inspectores de su empresa; en definitiva medidas que les garanticen la seguridad física y mitiguen la sensación de soledad que acompaña este tipo de servicios.
  • Si en la actividad del vigilante implica relación y el trato directo con el público, hay que considera que este puede ocasionar fatiga y situaciones conflictivas debido a la tensión generada por desbordamiento, intervenciones en caso de observar hurtos, denegación del acceso a locales a personas que no reúnen requisitos de autorización, etc. Para ayudar al personal de seguridad privada a reconducir estas situaciones debemos:
    • Dar a conocer las ayudas de la organización y de consulta para cada demanda o situación especial que se salga de su ámbito de decisión.
    • Aclararles las pautas de comportamiento a seguir en las diferentes situaciones potencialmente conflictivas: pautarles que ante una reacción violenta de los clientes deben tratar de tranquilizarles exponiendo las razones que motivan la decisión de forma clara y respetuosa. Ante contestaciones fuera de contexto, deben moderar el tono de voz y mantenerse tranquilo, esto ayuda en la mayoría de las ocasiones a reconducir satisfactoriamente la situación.
  • También debemos considerar que el hecho de trabajar en un entorno laboral ajeno a su empresa supone en muchos casos una desagradable sensación de desarraigo; el vigilante percibe diferentes condiciones laborales, diferente trato, mayor inestabilidad en su ocupación, ausencia de posibilidades de promoción; en definitiva menor valoración de su trabajo, lo que puede generarle una enorme desmotivación en el desempeño de sus funciones. Para evitar esta percepción es necesario que la empresa cliente integre al personal de seguridad en su día a día, haciéndoles sentirse uno más del grupo, dando el peso que merece la aportación de su trabajo a la empresa.

Si se tiene en cuenta todos estos factores, la frase con la que muchos vigilantes se despiden de su compañero/a tras el relevo de turno; «buen servicio», pasará de ser un formalismo a ser una realidad, en definitiva estaremos protegiendo a los que nos protegen es decir a nosotros los vigilantes.

Por todo ello y mucho mas pedimos a los que NEGOCIAN EL CONVENIO DE SEGURIDAD PRIVADA 2023

No es exagerado decir, por tanto, que el vigilante de seguridad desempeña, cuando se halla de servicio, una labor “policial” como auxiliar y colaborador de las FCS, quienes, por parte, están obligados a dispensarles un “trato preferente y deferente tanto dentro como fuera de las dependencias policiales”, conforme establece el artículo 34 de la Orden INT/318/2011, sobre la consideración profesional que debe tener el personal de seguridad para los agentes de las FCS.

Cuando se presta un servicio de seguridad los vigilantes de seguridad, además de proteger y garantizar la seguridad del usuario que ha contratado el servicio, desempeñan una labor de interés público; es decir, están contribuyendo a garantizar la seguridad pública al ser la seguridad privada un recurso externo de la seguridad pública en su calidad de actividad complementaria, colaboradora, subordinada y controlada por la seguridad pública.

Para el cumplimiento de tales objetivos el artículo 32 de la Ley de Seguridad Privada les obliga a realizar determinadas funciones de prevención y a intervenir en caso de comisión de una infracción penal o administrativa, con evidente riesgo personal,

Por esta razón, el vigilante de seguridad debería tener el mismo estatuto legal que el agente de policía cuando presta servicio. Una muestra evidente de que el propio legislador asume que el vigilante de seguridad corre un riesgo personal cuando desempeña sus funciones es que les dota legalmente de una protección material, de unos medios de defensa, y de una protección legal a través del reconocimiento de su condición de agente de la autoridad, aunque, en ambos casos, de forma limitada y no sin polémica, discusión y critica por parte algunos sectores “estatistas” que lo confían todo a las “bondades” de las instituciones públicas, y a desterrar las supuestas  “maldades” del sector privado o de instancias civiles, aunque sea evidente que, en la gran mayoría de las ocasiones, contribuyan al bienestar de la sociedad y a la mejor calidad de vida de sus ciudadanos.

El reconocimiento de la condición de agente de la Autoridad es una necesidad para el personal de seguridad y una obligación de los poderes públicos. Es cierto que el actual artículo 31 de la Ley de Seguridad Privada reconoce esa protección, pero con una redacción que se presta a una interpretación restrictiva ya que se afirma que tendrá esa protección legal: “…cuando desarrolle actividades de seguridad en cooperación y bajo el mando de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Esa interpretación restrictiva de la norma viene a sostener que esa protección sólo la tendrán cuando prestan servicio en presencia de los agentes de las FCS. En mi opinión, esa interpretación no es la más ajustada a la necesidad de protección ni tampoco aporta nada nuevo, entre otras cosas porque el Código Penal protege, y venía protegiendo, en su artículo 554, a los que acometan, empleen violencia o intimiden a las personas que acudan en auxilio de la autoridad o sus agentes – por cierto este mismo artículo añade un apartado el 3 b), que castiga a las personas que acometan, o empleen violencia o intimiden gravemente al personal de seguridad con la misma redacción señalada anteriormente-.

Que esta interpretación no es la más adecuada lo pone además de manifiesto el borrador del futuro Reglamento de su Seguridad Privada que, en un artículo 100, considera que la protección la tienen cuando desarrollen determinadas actividades de colaboración u otras que sean propias de un funcionario público (detenciones, registros, identificaciones, etc.), aunque no estén presentes los agentes de Policía.

Lo deseable, para evitar cualquier duda, hubiera sido que el artículo hubiera sido aprobado con la redacción del anteproyecto de ley, y reconocer la protección en cualquier caso cuando se hallen prestando servicio.

Es insostenible decir que no cabe tal reconocimiento porque “un agente de la autoridad no puede estar a las órdenes de un particular”, como sostuvo algún ilustre representante. El vigilante de seguridad, a nivel orgánico, es cierto que está a las órdenes de un particular,- está integrado en una empresa de seguridad como trabajador, e incluso puede recibir instrucciones y órdenes del usuario, especialmente si cuenta con un Director de Seguridad al frente del Departamento de Seguridad – pero en los aspectos funcionales, cuando desempeña las funciones que, no lo olvidemos, constituyen obligaciones que debe desempeñar, no está siguiendo las órdenes de ningún particular sino de la Autoridad Pública, está cumpliendo el mandato de la más alta representación de los ciudadanos cuya expresión es la ley, en este caso la Ley de seguridad privada.

No es lógico ni asumible decir que el vigilante de seguridad es un profesional de seguridad que está obligado a desempeñar unas funciones que, además de en beneficio del usuario, son manifiestamente de interés para la sociedad y para la seguridad pública, con riesgo personal más que evidente como lamentablemente hemos podido comprobar, y después, por formalismos legales o interpretaciones sesgadas o restrictivas, le escatimemos la necesaria protección legal.

No seamos cicateros, reconozcamos que el vigilante de seguridad está realizando una labor de interés público, en beneficio de la sociedad, que no es un trabajador uniformado más sino un auxiliar de las FCS que cuando presta servicio está realizando una labor de prevención en beneficio de la seguridad pública, y reconozcámosle la condición de agente de la autoridad a todos los efectos legales, porque aunque no depende directamente y orgánicamente de ninguna institución pública, sí está vinculado funcionalmente con el servicio público a través de las funciones que debe desempeñar por mandato público.

Que realiza funciones en interés de la seguridad pública lo reconoce la propia Ley de Seguridad privada en su artículo 4 y 32, y se desprende del propio reconocimiento que la ley les otorga para poder utilizar la fuerza para el cumplimiento de sus obligaciones profesionales.

Como es lógico, su actuación está sometida a los principios de actuación que señala el artículo 30 del mismo texto legal, principios o código ético que no difiere sustancialmente del que tiene la Policía, conforme al artículo 5 de la Ley Orgánica 2/86, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Lo cual implica que el uso de la fuerza por parte del personal de seguridad, y el uso de los medios de defensa, están sujetos y deben respetar siempre los principios de congruencia y proporcionalidad. Es decir, deben utilizar la fuerza y los medios de defensa como último recurso, siempre para cumplir un objetivo legal o para proteger su integridad física o la de terceros, valorando si es necesario recurrir a la misma;  en todo caso, haciendo un uso progresivo de la misma, de menos a más, en atención a las circunstancias del suceso y la agresividad que se pretende contrarrestar; recurriendo siempre al medio más idóneo, siempre del menos lesivo al más lesivo, en función de las circunstancias señaladas, y, en último caso, si es estrictamente necesaria, haciendo un uso proporcionado de la misma, siguiendo el principio de ocasionar el menor daño posible a la persona afectada, o al derecho que haya sido necesario limitar para cumplir con sus objetivos legítimos.

Si el vigilante de seguridad hace un uso idóneo, necesario y proporcional de la fuerza o de un medio de defensa, legalmente, su actuación estará justificada y aunque eventualmente se ocasionara algún daño al particular o a sus derechos – achacable a su injustificado comportamiento de desobediencia o resistencia al vigilante de seguridad- , la actuación del vigilante de seguridad estará amparada por alguna de las causas de justificación que recoge la ley penal para excluir la responsabilidad penal (legítima defensa, cumplimiento del deber, etc.).

No quiero finalizar este artículo sin hacer referencia a la protección material que la ley les reconoce a los vigilantes de seguridad al dotarles para el servicio de determinados medios de defensa. Como he señalado ello no es más que el reconocimiento implícito de que el vigilante de seguridad está realizando una función de carácter pública y que en el cumplimiento de tales obligaciones corre un riesgo personal. Por este motivo se le obliga a ir dotado de unos medios materiales para defender su integridad física o la de terceros.

Pero, ¿son suficientes los medios reglamentarios reconocidos, en los tiempos actuales de creciente conflictividad, y teniendo en cuenta que el vigilante de seguridad presta servicios en los que existe un alto riesgo para ellos y para las personas protegidas ( servicios en colaboración directa con las FCS en virtud del artículo 41 de la Ley, protección de infraestructuras críticas, servicios de vigilancia discontinúa en instalaciones afectas a servicios públicos que pueden ser objeto de sabotaje o atentado  terrorista, etc.)?

Sinceramente, creo que no. Que un vigilante de seguridad, sólo en la gran mayoría de ocasiones, deba prestar determinados servicios provisto de una defensa de goma semirrígida de 50 cm y unos grilletes de manilla, sin más medios es, cuando menos, sorprendente y hasta temerario. Aunque también es cierto que demuestra una gran valentía y profesionalidad por parte de estos profesionales.

Determinados sectores, incluso representantes de organismos públicos, son reacios a dotar de armas de fuego al vigilante de seguridad con posturas y manifestaciones que, en mi opinión, traslucen una falta de confianza en la profesionalidad del personal de seguridad e incluso unos intereses, casi siempre económicos, que no valoran precisamente el riesgo que corre el vigilante de seguridad en determinados servicios.

Seamos sinceros, una vez más, cuando ha interesado, por diversas razones, incluso políticas, se les ha dotado hasta de armas de guerra para que pudieran prestar servicios de protección a buques españoles que naveguen en aguas conflictivas.

Por ello, sería conveniente que, en el futuro reglamento de seguridad privada, desarrollando el artículo 39 y 40 de la Ley, – o reformando el artículo 5 del Reglamento de Armas para posibilitar el uso de otros medios, como ocurre respecto a los “ funcionarios especialmente habilitados”, previa autorización-  se replanteen las características de los medios de defensa que los vigilantes de seguridad deben llevar en el servicio, incluyendo el uso de armas de fuego en aquellos servicios a que se refiere el apartado 2 del artículo 40 de la Ley – (en el número 1, establece los servicios obligatorios con arma: transporte y depósito de fondos, vigilancia en buques, y transporte y depósitos de armas o explosivos-), teniendo en cuenta los riesgos personales y no sólo el coste del servicio. Establecer que, en esas circunstancias de riesgo personal, el uso, o no del arma, quede condicionada a la petición del cliente es una manera encubierta de eliminar el uso del arma de fuego en los servicios.

Tengamos confianza en la profesionalidad del personal de seguridad; exijamos la formación necesaria, si es preciso; impongamos los controles pertinentes, incluso personales, pero no dejemos al vigilante de seguridad desprotegido y sólo ante el peligro.

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